Abran o no paso, aquí estamos

Me ha costado escribir estas líneas y las escribo con la resaca de una semana intensa, y un 8M aún más intenso. No solemos escribir sobre “el papel de los hombres en el feminismo” porque como dice la activista Kelley Temple “los hombres que quieren ser feministas no necesitan que se les dé un espacio en el feminismo. Necesitan coger el espacio que tienen en la sociedad y hacerlo feminista”.

Hace tiempo me quedó claro que quienes están en contra del feminismo tienen dos razones: o no han entendido absolutamente nada, o lo han entendido a la perfección. No sé si me explico. En cualquier caso, el auge de la extrema derecha va de la mano del rearme del machismo y estas semanas estamos leyendo de todo, desde “feministas que excluyen a otras mujeres”, hasta el típico y habitual “feminazis que odian a los hombres”. 

Sin ir más lejos, hoy hay periódicos que llevan en sus portadas estas ideas, y unas páginas más allá, publicidad de Hazte Oír pidiendo la derogación de la Ley contra la violencia de género, por si no quedaba claro de qué lado están.

Personalmente, tengo la inmensa suerte de compartir vida con mujeres feministas increíbles y también con hombres feministas o aliados feministas o como cada una los quiera llamar, también increíbles. Es buena señal cuando a un hombre le da igual que le llames feminista, aliado o le pides que se quede al margen.

Algunos de esos hombres participaron ayer en los puntos de cuidados haciendo servicio de guardería, otros nos prepararon la comida para que nos diera tiempo a ir a la mani, otros nos acompañaron en la manifestación. Con ellos he debatido y discutido hasta la saciedad, pero nunca han puesto en duda las experiencias que como mujer denuncio, y han entendido, o si no, han hecho por entender, lo que significa trabajarse a uno mismo para descubrir qué comportamientos pueden cambiar, cómo pueden ayudar, qué pueden mejorar. Y la verdad es me siento muy afortunada y feliz por ello.

Me ofende, por tanto, cuando se nos acusa de excluir a otras mujeres para atacarnos, ya que no creo que pueda haber nada más inclusivo que un movimiento que lucha por los derechos de todas las mujeres, inclusive por los de las que no participan. Y me ofende también cuando se nos acusa de odiar a los hombres. Me ofende, aunque entienda el origen de las acusaciones.

La realidad es que solo se puede sentir ofendido por el feminismo quien considere que pierde algo cuando las mujeres, en su conjunto, adquieren conciencia y derechos. Como decía al principio: quien no ha entendido absolutamente nada, o quien lo ha entendido demasiado bien, y teme que le toquen su parcela de poder y bienestar.

Desde finales del siglo pasado al pasado a las feministas nos han caricaturizado de mil formas para deslegitimarnos. El 8M de ayer demuestra que ya nos importan bastante poco las caricaturas. Abran o no paso, aquí estamos. 

Manifestación del 8M de 2019 en Madrid

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