La sierra inalcanzable

Martes – 20/10/20

Se levanta el día lluvioso. He visto en la previsión meteorológica que estará lloviendo toda la semana. Me gustan estos días porque invitan a la introspección. Pero esta mañana la introspección se ha visto interrumpida de golpe por el timbre de la calle. Pensaba que podría ser un paquete que estoy esperando, así que me he levantado corriendo, pero no ha respondido nadie.

Tan rápido como me he levantado, me he vuelto a meter en la cama, y entonces, ya acurrucada bajo el edredón y dispuesta a dormir un ratito más, me he dado cuenta de que he estado toda la noche teniendo sueños convulsos, de esos que te traen al presente dolores de pasados lejanos, como una máquina del tiempo ciertamente macabra. Me fastidian esos pensamientos especialmente en días en los que estoy tan a gusto en la cama, pero he visto que el pensamiento tenía intención de permanecer y que la mejor vía para sacarlo de su escondite era con movimiento y escritura. Así que he puesto la radio, he hecho café y me he sentado en el escritorio.

En la radio hablan de la moción de censura que ha planteado Vox contra el Gobierno, y de la pandemia. París impuso el toque de queda este fin de semana, y hay varias ciudades en España confinadas. Burgos y Navarra han sido las últimas. En Madrid, tiene pinta que el estado de alarma caerá esta semana y después quién sabe. Es todo incierto.

Dicen que la gente está buscando el campo como refugio y que hay espacios naturales “completamente abarrotados”. Margarita de Val explica que tenemos que aplicar medidas y hacerlo seriamente, porque la vacuna va a tardar en llegar y aunque llegue, se tardará más aún en vacunar a grandes grupos de población. Parece que la situación que tenemos ahora se va a prolongar durante bastante tiempo. Yo me pregunto si el virus no estará ya realmente instalado en los sistemas de todos nosotros, carcomiéndonos lentamente.

Del mundo pre-pandémico no echo de menos las aglomeraciones, tampoco muchos de los planes sociales. Sí echo de menos poder quedar sin problemas y sin mascarillas; y los abrazos. Pero ahora veo muy claramente que no necesito salir tanto o ir a bares cada semana. Disfruto en cambio de la cercanía, de moverme por el barrio y los espacios que me son accesibles a pie o en bici. Ahora valoro enormemente tener a mi familia cerca, el roco del parque, y la Casa de Campo. Las videollamadas que al principio me parecieron un incordio, insuficientes, ahora son un medio más de sentir a las amigas que están lejos.

Ahora me parece curiosa la ilusión de libertad con la que vivíamos hasta ahora en ciertas partes del mundo de poder desplazarnos a nuestro antojo. Hace unos días observaba la sierra de Guadarrama desde la ventana de la redacción, la miraba en silencio y pensaba en lo cerca y al mismo tiempo lo lejos que está. Nunca había pensado en la sierra como en un lugar inalcanzable. Siempre había estado ahí, como una posibilidad más.

Hace unos días también leí que este jueves Saturno y Júpiter estarán muy cerca de la Luna y pensamos en ir al parque con los prismáticos. Es de lo poco que permite ver el cielo de Madrid. En otras circunstancias quizás iríamos a la sierra a buscar cielos más oscuros, saludar a Orión, que ya ha vuelto del hemisferio sur, a las Pléyades… pero la sierra es ahora como un decorado del Show de Truman.

De todas formas, si la previsión meteorológica no falla, probablemente estará nublado… y además, no creo que la sierra nos eche tanto de menos a nosotros.

Más de Una ventana propia para el fin del mundo

La Pedriza.

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