Os cravos do 25 de Abril, sempre

Son tiempos raros -¿cuáles no lo son?-, en los que los significantes parecen estar cada vez más carentes de significados. Hablan de libertad quienes siempre trataron de arrebatarla, y parece que es lo mismo proclamarse antifascista que lo contrario. Esta semana volvimos a ver “V de Vendetta” y me quedé pensando en la batalla lingüística que está en la base de los grandes conflictos, pero también de los pequeños. Todo empieza con pequeños ajustes de significados, como ese “comunismo o libertad” que se lee ahora. El discurso del dirigente fascista es muy similar al del abusador cotidiano: se tergiversa, se miente y se manipula la realidad, el verdugo traslada culpas falsas y se victimiza para igualarse a la víctima y confundirla, para que ésta dude de su propia percepción de los hechos y del significado de los términos. Pero las mentiras no son diferencias de opinión. Y no todas las opiniones son respetables. Nunca será lo mismo ser fascista que antifascista. Cada 25 de abril ponemos cravos en casa para no olvidar a quienes lucharon por la libertad y a quienes murieron por ella: fueron las mujeres y hombres humildes, fueron las izquierdas, fueron las feministas.

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