Se cierra la ventana, se abre una puerta

“Una ventana propia para el fin del mundo” recopila los escritos del blog durante el confinamiento de marzo de 2020 por la pandemia del coronavirus y los meses siguientes. Es un testimonio personal de lo vivido durante aquellos meses. En octubre de 2021 doy por cerrado el espacio, pero decido dejar los textos disponibles como una especie de hemeroteca. La pandemia no ha terminado, pero sí se ha instalado. La nueva normalidad ha llegado, aunque parece más bien una versión desmejorada de la anterior. Los problemas de antes siguen estando, y algunos se han recrudecido. La salud mental de todas se ha visto afectada, muchas personas han perdido a familiares y personas queridas, muchas otras su empleo. En esta nueva vieja normalidad seguimos combatiendo los mismos males. Mientras tanto, parece que vivimos un momento crítico para los feminismos, por el rearme machista y la normalización del fascismo en muchos países, y también por la crisis desatada dentro del movimiento por cuestiones como los derechos de las compañeras transexuales. Se vienen muchos retos y estamos muy cansadas, el sentimiento generalizado es de desidia, incertidumbre y miedo ante lo que vendrá. Ya sabemos que la pandemia no nos ha hecho mejores personas, pero quizás sí nos haya mostrado algunas verdades y apuntado hacia lo que nos resulta esencial. Ahora sabemos dónde queremos estar y dónde no. Puede que ese sea el mayor reto, la mayor dificultad, y al mismo tiempo la mayor oportunidad.

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