Abordando la fase 1

Martes – 2/06/20

No he podido abordar la fase 1 hasta ahora, me refiero a abordarla por escrito. Madrid entró hace una semana en fase 1 y a mí me ha pillado en medio de una mudanza, con la ropa de verano mezclada con la de invierno y un listado de mis gastos e ingresos mensuales sobre el escritorio. Me ha pillado también con una emoción desbordante por los reencuentros. El primer día vinieron A. y M. a casa, llegaron empapadas porque les pilló de por medio una tormenta. El abrazo irresponsable que nos dimos en el umbral de la puerta fue una mezcla de temperaturas, de estados de la materia, de estados temporales. Estábamos otra vez allí, no a través de una pantalla, sino físicamente. Esa tarde me di cuenta de que estaba tan aletargada por la cuarentena que llegué a pensar que no sentiría nada extraordinario al reencontrarnos. Aunque los reencuentros, la perspectiva de tenerlos, la certeza de que pasara lo que pasara al menos podríamos volvernos a ver, ha sido mi mayor ilusión durante esta especie de hibernación. Escribí sobre ello una de las primeras semanas, sobre lo bonitos que serían los días posteriores a la cuarentena, cuando volviéramos a encontrarnos. Se mezcla esa emoción con una primavera ya empezada, el sol y el calor acuciantes, demasiadas moscas y mosquitos. En cuarentena cambiamos el nórdico por una manta suave. La bata por la camiseta de tirantes. Nos quedamos a un palmo de sacar el ventilador. El tiempo que parecía estar detenido dentro de casa en realidad nunca lo estuvo. Sentimos como si todo hubiera quedado suspendido en marzo, pero en realidad no fue así. Leo en algún sitio: “Esto también es parte de nuestra vida”. La cuarentena no ha sido un paréntesis, sino la vida misma. Hemos seguido respirando, comiendo, hablando, tomando decisiones, enamorándonos, deseando… viendo cómo crecían nuestros anhelos quizás más de lo que podríamos sospechar. El anhelo del tacto, del otro, del aire. Y ahora, en el momento de poder consumar algunos de esos anhelos, casi dudamos, como un niño que ve por primera vez el mar y se siente sobrecogido ante tal inmensidad.

Más de Una ventana propia para el fin del mundo

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